A panic station

S.

Después del planteo inocente, maligno  y borracho de Ignacio, después de acostarme con un vacío en el estómago  lo imagine a mi lado mirando el techo sobre la cama que pocas veces tuvo el placer de sentir. Cuanto daño nos hicimos amor. No quise entenderte, no te mereciste mi comprensión. Nunca debí creer en chicos lindos de capital.

No es tu culpa S. Pero siento que ambos tenemos parte en dejar pasarnos.  No lo hagas S, no lo llames. Debo hacerlo, al menos por respeto a mí. Tengo que llamarlo, tengo que hablarle. Sigue con su estado de ebriedad, ¿qué te hace pensar que lo dejaste ebrio? Los gritos se esfuman y los borrachos,borrachos se mantienen. Y rien.

Era conveniente mandarle un mensaje, no estaba en estado de entenderlo, quizas por la mañana volvería a ser el Ignacio que pocos conocen y ahí pensaria en que sucedio anoche; leería su maldito blackberry y nos veríamos. Cuando digo “nos” pienso Yo lo vería  como siempre. Pocas veces me vió.

Me digné a dormir entre imagenes (IGNACIO Y ELLA), me desperté entre pesadillas (IGNACIO DAÑANDO A SABINA) y me volví a dormir insértandome sueños mal logrados (SABINA Y CATA JUGANDO EN LA NIEVE).

Por la mañana era alguien diferente, no nuevo. No creo en esa frase de hombre nuevo. Me desperté sabiendo lo que debía hacer y la Sabina de ayer a la noche, la relegada, la dañada ya no estaba. Las horas de sueño habían hecho de ella una Sabina olvidada y habían logrado pulir una nueva cara. La rehabilitada de amores malos.

Para cuando se hicieron las cuatro de la tarde, sentada en mi segundo lugar preferido a la hora de tomar café me vinieron las dudas, la sabina no tan olvidada asaltó

No recibió el mensaje. Andate de ahí y olvidalo, NO LO LLAMES. Deja todo ser.

Pero la Sabina de los días recuperados no podía hacer eso. No puedo. Miré mi bolso debatiendome entre olvidar el asunto o darle un fin a todo esto que definí como Sabina y los Ignacios. Aquel bolso era especial, era resultado de los meses de divorcio y las manías de mamá. Un bolso que nos unía a las mujeres. De vez en cuando nos lo intercambiabamos. La última vez lo tenía Cata para ir a la facultad y después de verme con Ignacio dejó entrever que lo necesitaria. Ella sabía.  Lo agarré con una fuerza interior, La buena de Sabina en rehabilitación necesitaba agarrar ese celular y ver si lo había mandado, si La triste Sabina lo había mandado.

Te veo mañana en el bar de la esquina.

El de las Flores. Beso, Sabina

Mensaje enviado:  02:30hs

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Esta entrada fue escrita por cyelip y publicada el noviembre 22, 2012 a las 16:33. Se guardó como The Writing Chaos. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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