A panic station

Countdown

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Pocas veces sentí la presión que los demás ejercían sobre mí. Es decir, pocas veces tomé consciencia. De alguna manera me acostumbre a esa sensación de elefantes pesados sobre mí. Semanas anteriores a la publicación mamá estaba nerviosa, quizás temiendo que me echara hacia atrás con el proyecto, que decidiera guardarme las palabras y que ninguna tinta se corriera sobre papeles de imprenta. Siempre le tuvieron miedo a mi ansiedad. La loca de Sabina.

A decir verdades, me inquietaba que miles de personas vieran mi trabajo, que supieran de Javier y su hermano, Gabriel.Pero era algo que tenía que enfrentar. Como un fantasma de Hemingway.

Las últimas semanas hice algo que nunca había experimentado, conducía hasta un lugarcito que había encontrado por esas casualidades de los paseos espontaneos y me pedía un frapuccino bien helado, un té de rosas y dos porciones de cheescake. Comer me hacía bien. Me habré encontrado pagando más de cien pesos en una confitería. Mi voracidad de palabras convertía a la voracidad de estómago. No podía parar de hacer ninguno de los dos. Me llevaba anotadores, observaba a la gente y escribia como si hubiese nacido como Javier, hijo único y solo dentro de unos años. Así, volvía a casa corriendo a escribir todo lo que mi mente había tramado en esa mesita de café. Se me caracteriza por tener unos brainstorms espectaculares. La última visita a la editorial fue con gesto de tristeza y a su vez de felicidad extrema, digno de algun trastorno bipolar. Me ponía triste saber que se iba a conocer la historia de Javier y que ya no sería solamente mía. Me resultaba extremadamente conveniente y alegre que me recibieran como “la nueva esperanza.”

No puedo decir que Artie estuviese triste como yo, mas bien sonreía como quien tiene un durazno recién caído del árbol. Es claro que era su momento orgásmico. Y de la nada exclamó:

-Bacher!, en dos semanas se publica.

Lo próximo que me ví haciendo fue gritarle a la chica recepcionista del primer piso ¡EN DOS SEMANAS SE PUBLICA!. Felicidad,  emoción y curiosidad se inyectaron en mi cuerpo. Quería saber absolutamente todo. Tener esas capas de invisibilidad que todo lo pueden y vagar por los rincones donde habitaran mis papeles, mi novela. Mía.

Los días próximos me los pase disfrutando del tiempo libre que tenía, de mis amigas, de mi hermana enamorada y de mi madre sin amor masculino. Cata está de novio o está en “algo” con un tal Fabián.El chico me parece de lo más dulce para ella, son tal para cual y la ayuda muchísimo en sus proyectos. Ojala tuviese alguien que me acompañe durante el caos de escribir. Bueno, basta Sabina. Arriba! A festejar.

Fernanda habló conmigo desde Perú y me dijo lo emocionada que estaba de saber que su amiga sería una escritora consagrada. A Sofi se le ocurrio que lo mejor sería salir a cenar. ¡Hace tanto tiempo que no salíamos a cenar! Dijo en un resto re lindo que de casualidad encontramos.

En la mitad de la cena vimos unos chicos que se reían porque al parecer estabamos muy histéricas gritando y riendo. Lau que es la más atrevida se le ocurrió salir a tomar algo con ellos. Ahí me dí cuenta que el chico a la izquierda de José era hermoso. Se llamaba Ignacio, y medio que tiraba cierta onda.

Ignacio tiene tatuajes, todos en sus brazos. Al menos aquellos que se dejan ver. Usa lentes, no sé si lo hace por moda o por necesidad, pero cumple muy bien la función de moda. Es algo callado y muy sociable, un duo de cualidades extrañas al ser combinadas. Es callado cuando no hay que hablar, pero cuando el momento lo amerita es muy conversador. Un poco manipulador, si me dejan agregar. Es flaco, pero con cuerpo formado, alguien diría que va al gimnasio o que hace algun que otro deporte, su cara es el expresionismo de la belleza. Los pomulos le sobresalen, quizás por los lentes. Tiene barba imperceptible, pero creo que eso es obra de la noche y de afeitada reciente. Su boca es pequeña, lo cual lo hace muy lindo. El pelo lo usa corto, pero reconoce que ha tenido sus excesos.

Esa noche salimos a bailar, otra de las cosas que no hacíamos en centenares. Desde la barra veía a Coti y Mica bailar con José mientras Lau se escapaba del grupo, algo muy común en ella. Ignacio era lo que me llamaba la atención, saludaba a dos o tres chicas y se sentía indiferente a ellas, me miró a unos pasos de distancias y le levanté mi vaso con vodka en señal de saludo. Luego me dí vuelta mirando al barman y todas las botellas detrás de él, ignorando a las chicas, a José y sobre todo a Ignacio. Me conozco, me resulta fácil enamorarme a primera vista y caer por el chico. Como conducta de autocontrol decidi mirar esas botellas y el movimiento de los tragos, de un vaso a otro, de otro vaso a una jarra…

-Sos hermosa- dijo alguien. Inmediatamente me dí vuelta y ví la silueta de Ignacio pasar.

Si soy tan hermosa como decís, quedate y decimelo en la cara.

 

The Writing Chaos.

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Esta entrada fue escrita por cyelip y publicada el diciembre 19, 2012 a las 11:33. Se guardó como The Writing Chaos, Uncategorized. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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